“Gigantes y cabezudos”
Recuerdo, de mi estancia en las islas Canarias, como si fuera ayer mismo, y han pasado mas de veinte años – ¡Demasiados! - los desfiles en las fiestas de los pueblos y las ciudades isleñas, donde tenían una relevancia primordial entre la expectante chiquillada, aquellas descomunales figuras de cartón piedra y largas vestiduras: “Los gigantes y cabezudos”.
Bailaban, los engendros, al son que les imprimían sus portadores, que no siempre tenían la fortaleza necesaria para danzar y danzar hasta el final del desfile. Seres danzantes y, en algunos casos, bamboleantes que se acercaban hasta nosotros con no muy buenas intenciones. Ese era el caso de los gigantes, con su altura rayana en los tejados de las casas, sus altivas miradas fijas y reprensoras que parecían decirnos: ¡sabemos lo que hacéis y os vamos a comeeeeer! ¿Qué ilusos, no? Tierna, ignorante e ingenua infancia. Pero los cabezudos eran otra cosa, más cercanos a nuestra imaginación, más simpáticos con los niños, como más próximos a nuestra lúdica mentalidad de camaradería.
La historia de estos personajes se remonta hasta tiempos del medievo, hasta los albores de nuestras tradiciones culturales. Y ya vemos en esas arcanas costumbres la diferenciación y definición concreta de los personajes, sus estandarizadas morfologías y características que se repiten de forma rigurosa por toda la geografía nacional: la arrogancia, el porte estirado y descomunal, la distante presencia y majestuosidad repensada de los gigantes. Siempre figurados por reyes, aristócratas o caballeros rancio abolengo; y del otro lado, la forma y vestimenta grotesca y cómica, campechana, próxima a las gentes, cercana en maneras y usos a los aldeanos más patizambos o al pueblo llano - la plebe – representados con sátira por las charlotadas y bufonadas de los cabezudos. Separación de clases, de papeles sociales, el inevitable elenco de actores inmersos en la sempiterna rivalidad entre señores y siervos, lacayos y amos…
Pensaba, la otra tarde, mientras trataba inútilmente de dormir mi sagrada e imperdonable siesta, esa que nuestro ilustre premio Nóbel Don Camilo – Camilo José Cela y Trulock, Marqués de Iria Flavia, ya palmado – definía con orgullo como de Pijama y Orinal. Y ¿que siesta que se precie no debería serlo?, las otras son de corte y confección fresita-Light, acorde con los tiempos y la escasez de asuetos que marca el ritmo de nuestras desquiciadas vidas. Hasta esa herencia patria, esa rancia tradición española se está pudriendo en el pozo negro de las viciadas modas y costumbres importadas de los países más <<civilizados>>. ¡No te jode!
Pero no es de la inconmensurable siesta de lo que quiero hablar hoy, eso lo dejaremos para cuando se vuelva a poner de moda, o para cuando la reinventen los Yanquis y nos la exporten como uso terapéutico y tradicional del <<País de la libertad>>, ¿no?
De igual modo que nos han exportado toda su porquería inmobiliaria – Por no decir su mierda – dentro de las hipotecas basura. Tal y como, tan claramente y en leguaje coloquial, nos explica pormenorizadamente el Doctor en ingeniería: Leopoldo Abadía, en su popularísimo blog (leopoldoabadia.com) Visitadlo, solo por el placer de estar algo más informados, merece la pena.
Ahora resulta que estos tíos tan cojonudos: Los Yanquis, inventores del fenómeno económico conocido como “Hipotecas Basuras”, no se conformaron con exportar dicha idea al resto del mundo. Claro está, viniendo de los magníficos norte-amaricanos (Si, habéis leído bien: AMARICANOS), tenía que ser un invento cojonudo, ¿no? Y van los bancos europeos y ponen en práctica dicho descubrimiento tan extraordinario. Pero, ahí no acaba la cosa, noooo, la banca mundial, incluida en primera posición la europea, creyéndose los más listos del universo, se dejan embaucar por las proposiciones ventajosas, que les ofrece la corrompida banca yanqui, de invertir en sus paquetes de hipotecas, tan seguras, tan rentables, tan revalorizables como una mierda puesta a secar al sol en el tórrido estado de Texas. Y ya está el invento en marcha. Ahora solo falta que los currantes yanquis, hipotecados hasta las cejas, dejen de pagar sus cuotas y ¡a tomar por culo la economía mundial! – Bueno, mas o menos, a grosso modo, en grandes pinceladas que dirían los artistas –
Y es ahora, cuando se disparan las alarmas, cuando el pánico sustituye a la codicia que llevó a la banca mundial a poner en la calle esas malolientes hipotecas basura. Es ahora cuando los banqueros, que no pueden hacer frente a sus garantías, que no tienen liquidez (Dinero contante y sonante) para poder seguir trabajando con sus clientes, que se cierran en banda y se ponen a mirar la clientela cogiéndosela con papel de fumar, cuando se hacen los duros para justificar que no tienen, eso, un puto duro. Van y se hartan de llorar ante los gobiernos de sus respectivos países, y se ponen en manos de los sicólogos para que les curen la profunda depresión en la que, por circunstancias ajenas a su voluntad, se están viendo inmersos. Y los gobiernos, que son buena gente y siempre están por la labor de ayudar al mas desprotegido (¡Manda güevos!), dicen: hombre habrá que lanzarles un cable a estos desgraciados, habrá que ayudar a estos infelices, habrá que cobijar bajo las alas, del siempre protector estado, a estos ignorantes de la vida, esa pobre gente que no tienen culpa de que el invento se les haya escapado de las manos.
Y, como siempre, los yanquis abriendo senda en la espesura de la gilipollez, van y le sueltan una cantidad indecente de millones de dólares a los desgraciadillos patrios de la banca norte-amaricana. Y los pobres y sufridos ejecutivos de uno de esos <<chochos de la Bernarda>> que son los bancos yanquis, van y se gastan medio millón de euros en un retiro relajante y reponedor de fuerzas, en un lujoso complejo hotelero de una isla del caribe, pobrecillos, ¿no? ¿Para cuando esas merecidas vacaciones de los ejecutivos españoles? A ver si vuelven repuestos de su skock post-traumático y con las fuerzas necesarias para seguir dando por atrás al ciudadano medio de este país, que se lo tiene bien merecido por tonto l´haba.
O eso, o dejamos que los banqueros se coman sus hipotecas con patatas “Chips”. Claro que como es el menú oficial de los pueblos anglosajones, dentro de cuatro días tendremos escasez de patatas a nivel mundial…
¿Cuando se darán cuenta los abnegados cabezudos, de que los gigantes siempre han de mirarlos, desde arriba, con asco y con desprecio? Cabezudos, solo buenos para limpiar las mierdas que sueltan, desde lo alto, los amos, los señores, <<los gigantes>>.
Conclusión: Las patatas se van a poner por las nubes. (¡Manda güevos!)